Por un lado, existe una corriente de opinión que afirma que el aprendizaje en línea es más costoso que la enseñanza tradicional, que el curso en línea promedio cuesta miles de dólares para ser producido, y que los sistemas especializados, como las simulaciones, cuestan aún más. Y no otra voz que apunta a la economía de la reutilización y sugiere que el aprendizaje en línea, a la larga, ahorrará dinero.